Ataques de pánico y el control!!!

Respuesta basada en el libro El perfeccionista eficiente sobre los ataques de pánicos y problemas con el control y el no delegar, espero sus comentarios!

El ataque de pánico proviene de una consecutiva inyección de adrenalina en el torrente sanguíneo. Digamos que la sumatoria de sucesivos shocks adrenérgicos, mantienen los músculos y órganos en estado de tensión y de alerta, dando en conjunto una respuesta de lucha o huida (estrés). Las ondas cerebrales se elevan más allá de los 20 Hercios (ciclos por segundo) bloqueando al estado sensorial consciente, y como resultado la única emoción que se siente es la del temor; el miedo. No hay peor miedo para el ser humano que el de ser comido por un predador. Ese miedo es de carácter consciente; sabemos que lo sentimos y nos atemoriza. En cambio el temor a morir de hambre es inconsciente porque deviene de múltiples hechos y situaciones que en general ignoramos.

Claro que estaríamos capacitados de reconocerlo, por la simpleza de su respuesta; esto es, al sentirnos separados o abandonados por alguien (padre, madre), o un grupo definido de pertenencia (una organización social), automáticamente desatamos un ataque de ira y ofuscación. La reacción se produce porque el cerebro tiene inscripto a fuego en sus neuronas el mandato de que sería imposible subsistir fuera de la manada que nos protege y nos provee alimento. Y mediante esta respuesta de estrés, la mente notifica a todo el organismo que el medio ambiente nos está siendo hostil.

Es así que en cualquier momento que desencadenamos agresión en forma de ira y odio, lo hacemos simplemente en defensa de ese temor atávico, generando un shock de adrenalina bajo el paraguas de varios motivos (pérdida de la pareja, el trabajo, descalificación o insulto dentro de un grupo determinado, obligatoriedad de cumplir reglas fuera de la autoridad del líder etc.).

Este comportamiento es tratado en el libro “El Perfeccionista Eficiente” y es reconocida como la “personalidad perfeccionista” (Cap XI). En tanto el medio sea amigable y mientras el líder de la manada provea la caza y el alimento (la empresa, el trabajo, etc.) competiremos por los liderazgos internos entre los miembros de similar jerarquía del clan, que pretenderán hacernos descender en la escala y el turno que nos merecemos para alimentarnos. Pero cuando comprometan nuestra pertenencia, o corremos con la suerte de ser discriminados por el líder, vienen los temores y con ellos la depresión y el pánico. En resumen, podemos determinar que en tanto y en cuanto el ambiente se acomode a las pretensiones mínimas que exigimos (anhelos perfeccionistas), las reacciones no aparecerían. Pero cuando estas situaciones (expectativas hacia una organización o persona) no concuerdan con la imagen perfecta de lo que debería ser, desencadenamos tanto un sentimiento de agresión (enojo y violencia)  como estados de pena y compasión (depresión).

¿Por qué hablamos de este tema?

Bueno… el miedo a delegar dentro de una “manada”, tribu, organización social, etc. Está representada por un temor inconsciente a perder algún rango dentro de la escala o el orden jerárquico de la manada. Sentimos temor de que las cosas no salgan perfectas (condición perfeccionista) y que el líder (el jefe, el cliente, o la persona que me interesa complacer) consideren que no debo pertenecer más a dicha estructura.

Estamos diciendo que quien no delega, se encuentra gobernado por un comportamiento más adecuado al de los primates, que al de un ser evolucionado, acorde a un tiempo moderno donde la cultura y el desarrollo tecnológico nos imponen un medio ambiente diferente al que poseíamos 20.000 años atrás.

Es paradójico que en general hacemos alarde sobre que nuestros empleados no saben hacer nada tan bien y tan perfecto como lo hacemos nosotros. Lo contamos en rueda de amigos para demostrar que uno es el mejor de la tribu, cuando en realidad estamos mostrando una notable incapacidad de liderar; esto es, saber elegir a los que cumplirán las metas que oportunamente hemos diseñado, convencerlos de seguir las mismas (argumento de venta), entrenarlos y remunerarlos de manera acorde a lo que vislumbramos que van a producir para que cumplan dicho objetivo, y por supuesto depositar toda  la confianza necesaria en ellos con la certeza de que la tarea a cumplir será un éxito. La falla de un miembro del grupo, debería ser considerada como un fracaso personal del líder. Y es esa la gran responsabilidad a la que le huye quien no sabe o no quiere delegar. Si evitamos culpar a otros de nuestro propio fracaso, estaríamos frente a la solución, y ante la posibilidad de revertir la coyuntura, ya que es la única manera que como líder tenemos para sacar partido de una situación negativa, y transformarla en una positiva.

Si alguien del estrato no funciona, no es por la propia responsabilidad o distracción del individuo, sino porque seguramente éste no se encuentra suficientemente comprometido con los objetivos, o no fue cabalmente entrenado para cumplir la tarea. Es necesario también tener conciencia que normalmente todos “cometemos errores” y de ellos se aprende.

En todos los casos, la responsabilidad continúa siendo del líder.

Warren Buffet es en la actualidad el segundo hombre más rico del mundo luego de Bill Gates. Es dueño de una sociedad que a su vez posee la mayoría de las acciones de al menos medio centenar de empresas de todo tipo, que fue adquiriendo a lo largo de su vida, administrando también el dinero de los accionistas de su propia entidad societaria. Buffet elige muy cuidadosamente cada uno de los CEO’s o responsables ejecutivos de sus empresas. Se reúnen, y fijan anualmente los objetivos a cumplir para cada una de ellas. Y al final del recorrido, se realiza una evaluación que puede ir atemperada o no por los cambios drásticos de la economía o el país donde cada empresa se desenvuelve.

¿Cómo haría Buffet para estar en cada una de sus empresas si no fuera capaz de delegar?

Es que su fortuna deviene de esa misma capacidad: de la confianza que deposita en las personas que selecciona, y de su capacidad de elegirlas. Y es alentador leer la prosa motivadora que expresa hacia sus representantes en cada informe anual que presenta ante sus accionistas. Para Buffet, si un CEO no funciona, es plausible de ser reemplazado, con el respectivo informe a sus accionistas de que se ha equivocado en la elección (cosa que raramente sucede porque la mayoría de sus empresas reportan beneficios.

Para poder delegar, hay que transformarse en experto en delegar. Y esta puede ser una tarea apasionante, si el desafío reside en saber elegir a la persona correcta.

Todo ser sobre la faz de la Tierra, debería aspirar a poseer la mayor cantidad de bienes y riquezas. Si cree que esto no es así, y cree que para si ya son suficientes, debería crecer para ayudar a otros como lo hace Warren Buffet. Y para lograr ese cometido se deben exacerbar los afectos hacia los de nuestra misma especie. Nunca lograremos cumplir un sueño, si no intentamos hacer cumplir el sueño de quienes colaboran con nosotros.

Tenemos un córtex cerebral que está hoy capacitado para determinar una fobia o un temor. Esta es una característica sólo de los humanos, y no estamos haciendo gala de ella. No nos estamos distinguiendo de los animales salvajes. Sólo debemos escudriñar dentro de nuestro propio yo interior y descubrirlos, para re-escribir nuevamente las conexiones neuronales que nos paralizan ante los desafíos. Si queremos hacerlo, nuestro cerebro nos llevará a informarnos con la literatura adecuada para lograr el cometido.

Es tan sólo una decisión personal.

Daniel Jenkins

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